jueves, 6 de noviembre de 2025

diario de muerte 30: El aletear de las moscas

 


Moscas batallan en mi pieza mientras me desangro por dentro
-la gracia de las úlceras estomacales.
Se golpean en un duelo a muerte que no logro comprender.

Un aletear que pasa de la lentitud contemplativa
a la rapidez y el ataque fugaz
como una blitzkrieg en vivo y en directo.

¿Será acaso que siempre ha existido violencia
y hemos preferido ignorarla hasta convertirla en imágenes?
¿Será que no sólo somos cooperación sino también barbarie?

Me arrastro psíquicamente en contradicciones que no sé congeniar.
Sepan disculpar mi mal genio.
Mi mente es un lugar terrible de habitar.

Las moscas me miran con sus cinco ojos y no entienden mi quietud.
Yo sólo admiro que, entre la calma y la blitzkrieg, de sus alas sale una vibración
y un sonido, apenas perceptible, en tonos tornasol.
Hasta la violencia guarda una belleza natural.


¿Podrías tu, en tu pequeñez de mundo, admirar la grandeza
con tu propia ley innata?

En mi hemorragia interna suspiro
neuromagias
y anhelo ser uno con el humo
del cigarro
que se consume tan rápido como mis arrastrares.


bloopers 17: Palabras de humildad al predicador dominical

 Señor, permítame dormir. 
Solo descansando hasta las 12 los domingos consigo olvidar la realidad. 

Y de una vez por todas 

¡Convénzase! Para qué quiero palabras de consuelo
Si yo misma soy la expresión del desconsuelo
de una generación en peligro de extinción.


Guarde su capacidad vocal 
Para vociferar del fin de los tiempos 
Cuando realmente lo sea. 

Cuando ardan las llamas sobre los impíos 
Y usted consiga su anhelado puesto entre los 144.000 privilegiados. 
Yo me quedaré mirando, como oveja descarriada que nunca buscó pastor.
 Porque nunca tuve miedo 
Ni he vivido en el pecado. 
¿Usted si, y por eso vive temeroso? 

Por ahora,
 Deje sus pulmones y mis oídos descansar. 
Que el futuro no existe 
Y el presente 
Es solo 
una excusa.

lunes, 3 de noviembre de 2025

bloopers 16: girando en el mismo eje

 Sólo si puedo encontrar la fuente del color podré entender el contenido confuso de la forma que ha sido heredada por mi ADN trastocado.
Pero mis manos tienen llagas y están agotadas de escarbar en un cemento oscuro y sólido, impenetrable, que se niega a revelar los secretos que guarda en su centro luminoso.

Si no puedo seguir excavando, la búsqueda cambiará de título, pero nunca dejará de existir, porque nunca nada ha sido encontrado del todo.
Nunca algo ha sido descubierto del todo.
No podemos colonizar la totalidad del todo y la nada.

Hay aspiraciones, algunas inocentes, otras macabras,
por poseer la maestría de la Verdad absoluta.
Pero hoy en día acuso de falsedad todo,
sabiéndome simulación, más no simulacro.
¿Entiendes la diferencia?
Sírveme otra taza de café, me está dando sueño, y cuando me da sueño, las pesadillas no tardan en volver.

Si el cemento no cede a mis uñas despegadas y ennegrecidas, me convertiré en petróleo oleoso que se niegue a la permanencia de lo impenetrable, buscando cualquier pequeño recoveco por el cual gotear hasta llegar al fondo.
Desde ahí mi lengua saboreará lo que no se puede enunciar con palabras.
Y la búsqueda, temporalmente, habrá acabado.

Doble hélice, espiral, caracol… 

martes, 28 de octubre de 2025

Diario de muerte 29: territorio

 ¿De que puedo hablar cuando no tengo tierra?
Hago mia la tierra que voy pisando, temporalmente.
Habitante del mundo entero y de ningún lugar.

Mías fueron las praderas de mis primeros años
y los verdores nevados de una cordillera que no existe.
Míos son los recuerdos, más que una tierra.

Mis recuerdos son mi territorio.
Los revivo una y otra vez, mientras creo otros,
mientras se hacen espacio otros,
y me encuentro cada vez más colmada de territorio.

No tengo tierra.
Tengo territorio, y de sobra
para compartir.

viernes, 24 de octubre de 2025

Diario de muerte 28: las bestias del siglo XXI

 

Sube del mar un rugido de hierro,
no de aguas sino de cables y drones.
Tiene siete cabezas:
una habla en inglés, otra en francés,
otra sonríe con dientes de oro y tratados de paz.
Las demás mastican petróleo, deuda, silencio.

Sus diez cuernos relucen:
uno lanza bombas,
otro firma convenios,
otro imprime billetes que se deshacen en sangre.
El resto transmite las imágenes
para que el mundo aplauda la masacre
con un clic.

Sobre su lomo va la ciudad prometida,
vestida de leyes,
ungida por dioses que ya no hablan.
Debajo, los cuerpos:
niños,
madres,
tierras que gritan con voz de tierra.

La bestia reza con la boca de los imperios,
pero su fe es el acero.
Y en sus ojos —siete soles podridos—
arde la palabra “seguridad”.

Cuando caiga,
no habrá trompetas ni ángeles,
solo el eco de un pueblo
que aún resiste
en nombre de los que fueron devorados.

jueves, 9 de octubre de 2025

Diario de mujerte 27: Collage artropomórfico para el diluvio cósmico preapocalíptico

 

Qué alivio que,
luego de desearme insecto toda una vida,
aparezca una apertura
por la que pueda contemplarme hexápodo.
Mis patas apuntan a todas las direcciones,
mis antenas, como brújulas, señalan mi Norte:
el último helicóptero de guerra del preapocalipsis.

Porque aterricé forzosamente
en un diluvio cósmico de certezas desparramadas.
Tengo el gérmen terminal de la empatía:
Siento la carne derritiéndose, y los huesos afilados,
 volviéndose roca con cada paso.
Puedo sentir cómo mis ojos ebullen y caen de mis cuencas,
 fundiéndose con lágrimas.
Creo sentir el mundo acabándose, y yo figuro
contorsionándome, desarmándome,
como una de sus tantas ruinas.


Tengo el manual de las dolencias psíquicas como arma.
Te hablo de padeceres. De dolores.
Dolores mentales, atravesando médulas espinales hasta el centro de la tierra.
De un alarido que surge gutural desde entrañas desgarradas insomnes yendo en el metro a trabajar.
De las sombras por las calles de Hiroshima persiguiéndome en las parálisis de sueño.

El Prozac no logró engañarme,
no logró destruir la terrible rigidez cognitiva
que me lleva día a día a pensar
en revoluciones y mundos mejores.

Porque el presente me es insoportable,
y se acelera el capitalismo autófago.
Me niego a ser el vómito regurgitado de una maquinaria
que ha devastado todo lo que toca.

Me he inventado nuevos mitos
con el automatismo desgarrado de lo táctil.
He dejado atrás mi antiguo exoesqueleto,
aquel caparazón de humano tendiente a la paz perpetua-
                Había que dejar de soñar, corazón.

Qué consuelo que,
en los rituales mortuarios ancestrales
se desplieguen tempestades e incongruencias
por las que pueda romperme la cabeza
en un espiral inagotable
de premisas sin respuesta.
Si mis ancestros me percibieran,
¿qué escribirían de mí en sus códigos no occidentales?
¿Qué pictogramas narrarían mis anhelos
en las noches de insomnio y de borrachera?

Mi jardín es un bosque de escombros,
y mis anhelos, solidaridades
convertidas en bolas de fuego.
Pero esta arma se está quedando sin cartuchos
y se oxida con esta lluvia.

Me arrastro ahora entre el forraje y la pólvora,
un fusil que lanza palabras de ataque
a mil metros por segundo,
con la enfermedad como único proyectil.

Qué alivio este devenir- ácido,
este devenir insecto en la era del
Homo Antropocenus- Capitalocenus- Tecnocenus,
donde mi cuerpo hexápodo,
astillado y multifocal,
es el aluvión en la cabeza de la serpiente.
que se ha devorado este mundo.

 


miércoles, 8 de octubre de 2025

Bloopers 15: desesperación catatónica

 Me siento a escuchar en silencio en la mesa de vidrio
veo a los perros paseando por debajo
Me cuentas tus delirios mesiánicos y que no crees en nada
mientras me dices que en tu vida pasada fuiste una bruja.

Me congelo en una contradicción de contradicciones
quizás en mi vida pasada fui un si/no
o un 0-1
o una libertad neoliberal.
¿Qué tríada de contradicciones mas roñosas, verdad?

Escucho y me siento en desesperación catatónica
se me erizan los glóbuos rojos
y los blancos amenazan con un próximo ataque.
No puedo emitir palabra alguna ante monólogos ajenos
y pareciera que todo afuera es un monólogo ajeno.
Condenado a guardar silencio o a gritar más fuerte.

Decir en voz alta frases con sentido, o sólo aparentar grandilocuencia charlatana?
Otra contradicción más.
Es que contradicción es identidad, ¿te conté?
Lo descubrí una tarde del 2014 tomando navegado.

Grito sin garganta, sin cuerdas vocales, sin cuerpo.
Grito con el alma desgarrada y espantada de tantas atrocidades.
Grito esperando quemar banderas y desbaratar ejércitos.

Ya no soporto el silencio ni el sopor
nunca hubo parálisis permanente, sólo cobardía.
Me descongelo de las contradicciones,
y, de a poco,
empiezo a caminar.
Tullido, por supuesto, por la falta de movimiento
Déjenme con mis pasos erráticos
Total, igual todos llegaremos al mismo punto. 

Bloopers 24: la noche de la luz

 Ha aullado el salto matutino del sol sobre una cordillera que apenas puede su peso en toda su montañosa hilera que se descose en rios y mon...