YO NO FUI
la pistola ya tenía sangre.
La pólvora ya estaba regada,
los cuerpos tirados como calcetas guachas
de lo único que soy culpable es de tener un reservorio de despedidas en las venas.
Despedidas dulces que se han vuelto amargas
que perdieron la magia,
que se me fugan en cada exhalar.
Seré como el suspiro de la mañana
y al extenderme me contorsionaré con lo primero que encuentre
que, espero, no sea un tanque,
ni tu sombra.
Me contorsionaré para anclarme de vuelta a la materia
FIN DEL CICLO.
Solo trato de huir del mal del ciclo,
mientras lo encarno en cada crisis nerviosa que me enerva.
Desencuentros
Desencantos,
Desencanto con el mundo.
Con mi mundo.
Pero le juro que yo no apreté el gatillo.
No quería acabar con mi mundo.
Quería regar las despedidas por las mesas del bar...
Pero ni siquiera alcancé a ponerme la pistola en la boca.
Así de miserable soy.
domingo, 29 de marzo de 2026
Juramento
miércoles, 11 de marzo de 2026
diario de muerte 42: logotipo
el régimen iconográfico se me cuela por debajo de las uñas,
aparece por mis pestañas llenas de rimel barato,
y me persigue con sus chucherías e imágenes.
Bombardeos de imágenes con significados
Imágenes con significantes
Imágenes sin ninguna de las anteriores
Imágenes espectaculares para embelesar los sentidos,
y hacernos olvidar la guerra cotidiana en la que estamos.
No hay logotipo, figurilla de yeso ni bandera
que me haga olvidar que vamos perdiendo en la guerra contra lo vivo,
y que, sin embargo,
me hacen sentir más viva que nunca cuando me creen derrotada.
El que nace sin tener nada triunfa cuando tiene una pizca de esperanza.
Aunque se disuelva en la taza de café de tarro,
sigue dentro, como cadena sináptica-cortocircuito gastro-neuroquímico.
Lo demás ya es pedir demasiado.
Si tuviera un logotipo, sería a la inversa de los infames tres colores
que parecen ser el origen y final de todos los males.
Invertir colores, invertir discursos, invertir banderas.
Quemar el pasado, deshabitar el presente, renegar del futuro.
Pero no quiero que nada más que yo me re-presente,
sin convertirme en iconografía de mi misma.
Esa ya es demasiada responsabilidad.
Que las virgencitas y los escudos patrios se me cuelen por donde quieran,
que ya sé exorcizarmelos y sacarlos a mordiscos.
A veces quedan cicatrices.
¿Y qué esperabas? si así son las guerras.
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