jueves, 9 de octubre de 2025

Diario de mujerte 27: Collage artropomórfico para el diluvio cósmico preapocalíptico

 

Qué alivio que,
luego de desearme insecto toda una vida,
aparezca una apertura
por la que pueda contemplarme hexápodo.
Mis patas apuntan a todas las direcciones,
mis antenas, como brújulas, señalan mi Norte:
el último helicóptero de guerra del preapocalipsis.

Porque aterricé forzosamente
en un diluvio cósmico de certezas desparramadas.
Tengo el gérmen terminal de la empatía:
Siento la carne derritiéndose, y los huesos afilados,
 volviéndose roca con cada paso.
Puedo sentir cómo mis ojos ebullen y caen de mis cuencas,
 fundiéndose con lágrimas.
Creo sentir el mundo acabándose, y yo figuro
contorsionándome, desarmándome,
como una de sus tantas ruinas.


Tengo el manual de las dolencias psíquicas como arma.
Te hablo de padeceres. De dolores.
Dolores mentales, atravesando médulas espinales hasta el centro de la tierra.
De un alarido que surge gutural desde entrañas desgarradas insomnes yendo en el metro a trabajar.
De las sombras por las calles de Hiroshima persiguiéndome en las parálisis de sueño.

El Prozac no logró engañarme,
no logró destruir la terrible rigidez cognitiva
que me lleva día a día a pensar
en revoluciones y mundos mejores.

Porque el presente me es insoportable,
y se acelera el capitalismo autófago.
Me niego a ser el vómito regurgitado de una maquinaria
que ha devastado todo lo que toca.

Me he inventado nuevos mitos
con el automatismo desgarrado de lo táctil.
He dejado atrás mi antiguo exoesqueleto,
aquel caparazón de humano tendiente a la paz perpetua-
                Había que dejar de soñar, corazón.

Qué consuelo que,
en los rituales mortuarios ancestrales
se desplieguen tempestades e incongruencias
por las que pueda romperme la cabeza
en un espiral inagotable
de premisas sin respuesta.
Si mis ancestros me percibieran,
¿qué escribirían de mí en sus códigos no occidentales?
¿Qué pictogramas narrarían mis anhelos
en las noches de insomnio y de borrachera?

Mi jardín es un bosque de escombros,
y mis anhelos, solidaridades
convertidas en bolas de fuego.
Pero esta arma se está quedando sin cartuchos
y se oxida con esta lluvia.

Me arrastro ahora entre el forraje y la pólvora,
un fusil que lanza palabras de ataque
a mil metros por segundo,
con la enfermedad como único proyectil.

Qué alivio este devenir- ácido,
este devenir insecto en la era del
Homo Antropocenus- Capitalocenus- Tecnocenus,
donde mi cuerpo hexápodo,
astillado y multifocal,
es el aluvión en la cabeza de la serpiente.
que se ha devorado este mundo.

 


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