jueves, 24 de abril de 2025

Diario de muerte 19: Demiurgo

Cuando el Demiurgo, cincel en mano, o en todo el cuerpo, compuso el mundo,
¿sabría que esta tierra de todos, terminaria siendo
tierra de algunxs, tierra de nadie?

Yo me he creído artesano de mis propias carnes
con una musculatura desgarrada
-las aperturas de carne, decía mi abuela
y unos huesos que suenan tanto
que podrían tener su propia sinfónica.

Me he creído un principio activo
que no ha encontrado aún con qué reaccionar.
Como una ecuación ácido base mal resuelta
y que quizás esté a medio borrar en un pizarrón.

Demiurgo, alma universal, supremo artesano.
¿Por qué me has dejado a medio terminar?
¿O siempre fue tu idea dejarme inacabado
como parte de la imperfección propia del cosmos?


Anomalía que cuestiona las teorías cosmológicas.
Inconsistencia en todos los "deber ser" establecidos.
Conocimiento infinitamente incompleto.
Eso debe ser, me creaste como prueba de incompletitud.

Y aquí me hallo, incompleto,
declamando ante almas incompletas
que juegan, igual que yo,
a que, por un segundo,
tenemos la vida resuelta.

Antes de volver a salir a las calles, volver a la casa,
y llorar sobre una almohada con terminaciones perfectas.

viernes, 18 de abril de 2025

Diario de muerte 18: semana santa

 Me educaron para llorar los 14 de Nisan
y todos los días de semana santa.
Pero creo que me lo tomé tan en serio
que he quedado resquebrajado espiritualmente para toda la vida.

Jesús, te quiero preguntar, ¿tengo delirios de salvador?
Porque aun lloro por tus latigazos,
y me pregunto cómo será el peso de una corona de espinas
y me tiento profundamente de usar una en mi próximo velorio.

Tengo pensamientos lúgubres flotando
en la nebulosa de mi mente tonos azul oscuro.
Pero, también tengo estos cánticos angelicales
que me revuelcan en pecado.

Quiero arrancarme la carne-

o, de última, la vida.

Quisiera quedarme con la muerte.
Tu te entregaste por todos nosotros
sin preguntarte si querríamos la vida.

Yo no la quiero, te la devuelvo.-

tengo un corazón latiendo en taquicardia
pero que podría revivirte
(de nuevo, al tercer, cuarto, o quinto día, tú elige).
Quizás así podrías renacer
y te daría vergüenza y pena ver
en lo que nos hemos convertido.

Yo?
Yo ya no soporto seguir viéndonos.
Regálame mi muerte, te lo imploro.
Regálame pensar en el suicidio diez veces al día
sin que eso sea un pecado mortal que me arroje al infierno.
Regálame un instante de gélida calma
en medio de este campo de otoño
que es este cementerio planetario en el que vivo.

Si hay fecha de caducidad, no quiero saberlo
no te estoy demandando información ni mediumnidad,
sólo permíteme el placer majestuoso
de imaginar mi no-existencia.

De vislumbrar un ataúd color hueso, sellado,
y que mi hermana me despida aún con rituales católicos
mientras mi fantasma toca la gaita.
De vislumbrar cómo nadie me recordará
porque ni en vida me recuerdan.
De imaginar un velorio tan tedioso,
combinado con los drogadictos de mis primos.

Imaginar que todo lo que quisimos se ha hundido en el océano más profundo, como tesoro que no ha podido ser descifrado e implementado.
Ahí va mi corazón.

Ese que puede revivirte.

La gente sería más feliz contigo aquí que conmigo.

No soy el alma de la fiesta.
Soy mas bien la sombra indeseable que se queda en los jardines,
deseoso de regresar a su quietud desesperante.

Semana santa no tiene sentido
en un mundo donde ya no quedan santos.
Mártires, por montones,
son celebrados con bombazos en nombre de la paz.
Semana santa no tiene sentido
cuando la paz se sostiene en brazos mutilados.

Jesús, nada de esto es lo que querías. ¿Para esto entregaste tu carne?
Prometo no beber más vino.

viernes, 11 de abril de 2025

Diario de muerte 17: engaño

 Me faltarían dedos para contar las veces que,
oh, dulce niño,
me he sentido parte de algo.

Parte de mi, apenas.
Parte de algunos fragmentos,
que han quedado regados cuando,
al lavar los dientes
Escupo la pasta, la baba, la sangre.

Parte de algunos fragmentos,
que han quedado incrustados en esquinas
en las que he rasmillado mis rodillas
creyendo en mundos mejores
viviendo en mundos peores.

Me faltarían dedos para contarte que
me he enamorado de engaños.
O, más bien, he querido enamorarme.
Nunca he sabido si deseo o deseo desear,
o si deseo ser deseado.
Todo se vuelve más opaco cuando sales del cascarón
y ya no sabes cómo volver a entrar.

Diario de muerte 16: fango




Se me han estancado sentires como dagas con bordes filosos y formas dodecaedricas
En los torrentes insanguineos de mis silencios
Y ahora me he convertido en un caudal
Que no encuentra donde encallar.

No quiero más metáforas del agua,
Porque me estoy convirtiendo en cuerpo de fuego
Y le he robado el fuego a Prometeo,
A ver si logro prender el último de mis afectos.

Quiero provocarme un incendio de mil hectáreas psíquicas
Cuyas cenizas se expandan directo hacia el desierto
Y encuentren sosiego en alguna duna abandonada
Donde el fuego no encuentre nada que encender.

Todo parecía más difícil hace unos años. Y ahora, mirando hacia atrás, todo era más fácil que ahora. Para que veas como estamos.

Ha salido fango de mis lágrimas
y de mi boca, sólo basurales,
porque me estoy convirtiendo en el peor de los lodos
cuando me arrastro como en el peor de mis días.

domingo, 6 de abril de 2025

diario de muerte 15: fhàsach

He estado reconciliandome con lo vestibular.
Y esa reconciliación ha sido estrepitosa,
implica autoconsciencia
y siempre he sido consciente de-mi
nunca para-mi
(si leiste a Hegel, lo entenderás)
((aunque leer a Hegel equivale a no entenderlo))

Y es que he sido consciente
de que crepito contra la gravedad.
Es que voy de subida y de bajada
Como serpiente antojadiza de aire,
En esos vaivenes exotérmicos
Que van del mucho al poco,
De la intensidad a la apatía.

Ahora estoy en el volumen máximo
y me pesan los sentires tardíos
y las distancias que,
para mí,
no son más que cifras.
Aquí, en esta velocidad total,
he vomitado una tonelada de afectos
que ha caído en plena Avenida Ejército
regada junto a algún lobo de mar,
o algún borracho de puerto.
Desde esta totalidad absoluta
he revoloteado buscando
donde ahora no hay más lo que hubo.
¿Dónde se van las fugacidades que ya no hay más?

Ojalá pudiera tragarme un desierto,
O, al menos, soportar la insolación de las asimetrías tan naturales y cotidianas que,
sin embargo,
se me hacen incontenibles.
    Mi narciso herido ha vuelto a la función.
    Y se expresa, nuevamente, en el termómetro.


He vaciado más latas de las que debería en estos días.
Culparía al club de los corazones rotos
Pero es que yo ya tengo todo el cuerpo hecho trizas.
Estaría en todos los clubes,
Pero me hallo en la inmensidad del silencio.

Ando un poco mareado, enamorado de fracasos, anhelando imposibles y tropezando con indiferencias.
Ando despreciando mi rostro, mi lentitud y mi temprana vejez,
y, por sobre todo,
he andado depreciando mis cobardías.
Pero esas no las riego en Avenida Ejército,
esas quedan en Avenida La Florida.
Aquí, como allá,
no le importan a nadie.

En resumen:
Ando un poco como toda la vida.

Gracias gracias.

sábado, 15 de marzo de 2025

Diario de muerte 14: Pepi

 Dime que no nos vamos a ver,
pero que seguiremos presentes.
Y es que esta distancia herida
no nos ha fracturado los cimientos.

Quemábamos símbolos patrios en el imaginario,
mientras construíamos nuestras propias alamedas,
esas que luego dejaríamos vaciadas,
para habitar nuevas formas de ser.

Protestamos con desarraigado desdén,
desnudas de toda posibilidad de vergüenza
antes de volcarnos puertas adentro,
a usar los cargo de las novelas coreanas.

Fuimos jóvenes en pastos demasiado verdes para mí,
y hemos ido envejeciendo en el encuentro
que nos enfrenta a la naturalidad
de este vínculo que desconoce el paso del tiempo.

Que cuando has regado la tierra con tus lágrimas,
han salido cantares gitanos en tiempos crepusculares.
Que tu dolor se ha convertido en una raíz de roble
que alimenta infiernos y cuerpos celestes.

Dime que sientes que nadie te entiende
y ni siquiera me esforzaré por decodificarte,
y es que hemos transitado por las mismas penurias
que hoy nos acechan a toda hora.

Quemábamos certezas por la vía larga
de los escritos y los pequeños delirios,
esos que iban a 351/433 (Mbps)
desesperadas de inspiraciones pixelares.

Que cuando has padecido de ausencias,
las has convertido en musa acuchillada
en el centro de un corazón en tonos escarlata
que nunca ha dejado de latir.

Late furioso, decepcionado, pero vivaz
ahí donde todo está rodeado de muerte,
y tú, como Katrina, sólo sabes de danzar
convirtiendo fantasmas en presencias.

Ropajes elegantes cubren tu piel pálida de llanto
y caminas con el semblante orgulloso de despojo
que convierte en suyo todo lo que roza
porque te mereces todo el mundo.

Espero consolarnos, en voraz desconsuelo
porque la vida duele, lo sabemos.
Pero el suplicio se vuelve más atómico
cuando lo convertimos en nota de voz.

Mil universos convergen en tu barrera preconsciente
y saltan con historias y nombres
que han encontrado en ti cómo canalizar
su hambre de volverse fugazmente realidad.

Medium, hechicera, lectora de manos, de pensamientos, de libros. Lectora de mis afecciones y victorias. Lectora de libros quemados en la Biblioteca de Alejandría que se despliegan como papiros mientras duermes en tu plano onírico. Lectora de los desafortunados proyectos a medio terminar que están en el iris del dios que ha caído.

Has tenido tantos nombres, y has mutado con cada sílaba destruida, has sabido de transformaciones y supervivencias, y es que nadie sabe tanto de amar la vida, como quien ha amado la muerte tanto como la ha maldecido. Estás bendita de ti misma, de tu suficiencia, de tu proeza y hazaña de no aguantar que el derrumbe sea absoluto.
Siempre hay algo en ti que se niega a marchitarse.


lunes, 10 de marzo de 2025

Diario de muerte 13: Nomenclaturas crípticas

 Nomenclaturas crípticas fueron mi enclave
sin locaciones atadas a latitudes y longitudes.
Pero con una franja larga y angosta como vena
que encalló en pleno santiago centro.

Los relieves fueron mi contorno inmóvil
que se fue desfigurando sobre un colchón intempestivo
Mi cordillera de la costa fue un desierto seco
de cables enredados como mi cabellera inapetente.

Fui más allá de toda neuronorma
alzando alaridos de desconsuelo y viento
mi bioquímica parecía ecuación alterada
sin punto de encuentro ni linea perspéctica.

Intenté descifrar códigos arcaicos en lenguajes prosaicos en mi desesperación por ser búho maestro, cuando en realidad sólo vi de frente mi ácido desoxirribonucleico, que se atrofiaba en alguno de sus fragmentos, marcando ocupado, intermitente. No todo puede ser clasificado y tipificado con letras del abecedario. ¿Cual abecedario? Todos los abecedarios. Los silabarios también. los poster con letras en las paredes infantiles, las canciones de cuna, los tarareos de mi tía barriendo el jardín, las óperas de mi mamá lavando la loza, los silencios angustiosos de mi hermana, las onomatopeyas de dolor de mi padre, las notas de tango que escuchó mi tío minutos antes de su muerte.
Quise vivir contando las palabras que decía la gente y agruparlas en grupos de 5. Hasta que empecé a pensar qué estaría entendiendo y contando como palabra. ¿Las onomatopeyas igual? ¿Los lenguajes paraverbales? ¿Las señaléticas que nos impiden el atropello? Hay tantos lenguajes como escenas que se suceden simultáneamente y que se disuelven en esa jugarreta que es el presente, que me faltarían manos, brazos, cuerpos, ácidos desoxirribunicléicos, para contarlas. ¿Los lenguajes que no entiendo... cómo los voy a contar?
Me he atiborrado de subjetividades y me he convertido en un cierre paréntesis.
O en un puzzle barato del Turner metafísico y sensible.

He andado acéfalo por el segundo piso
regando griteríos por todo mi barrio
quejumbroso como desdichado de medio tiempo
que reniega de marcar ocupado.

*Por favor, intente nuevamente*

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Bloopers 24: la noche de la luz

 Ha aullado el salto matutino del sol sobre una cordillera que apenas puede su peso en toda su montañosa hilera que se descose en rios y mon...