Me faltarían dedos para contar las veces que,
oh, dulce niño,
me he sentido parte de algo.
Parte de mi, apenas.
Parte de algunos fragmentos,
que han quedado regados cuando,
al lavar los dientes
Escupo la pasta, la baba, la sangre.
Parte de algunos fragmentos,
que han quedado incrustados en esquinas
en las que he rasmillado mis rodillas
creyendo en mundos mejores
viviendo en mundos peores.
Me faltarían dedos para contarte que
me he enamorado de engaños.
O, más bien, he querido enamorarme.
Nunca he sabido si deseo o deseo desear,
o si deseo ser deseado.
Todo se vuelve más opaco cuando sales del cascarón
y ya no sabes cómo volver a entrar.
viernes, 11 de abril de 2025
Diario de muerte 17: engaño
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