Me educaron para llorar los 14 de Nisan
y todos los días de semana santa.
Pero creo que me lo tomé tan en serio
que he quedado resquebrajado espiritualmente para toda la vida.
Jesús, te quiero preguntar, ¿tengo delirios de salvador?
Porque aun lloro por tus latigazos,
y me pregunto cómo será el peso de una corona de espinas
y me tiento profundamente de usar una en mi próximo velorio.
Tengo pensamientos lúgubres flotando
en la nebulosa de mi mente tonos azul oscuro.
Pero, también tengo estos cánticos angelicales
que me revuelcan en pecado.
Quiero arrancarme la carne-
o, de última, la vida.
Quisiera quedarme con la muerte.
Tu te entregaste por todos nosotros
sin preguntarte si querríamos la vida.
Yo no la quiero, te la devuelvo.-
tengo un corazón latiendo en taquicardia
pero que podría revivirte
(de nuevo, al tercer, cuarto, o quinto día, tú elige).
Quizás así podrías renacer
y te daría vergüenza y pena ver
en lo que nos hemos convertido.
Yo?
Yo ya no soporto seguir viéndonos.
Regálame mi muerte, te lo imploro.
Regálame pensar en el suicidio diez veces al día
sin que eso sea un pecado mortal que me arroje al infierno.
Regálame un instante de gélida calma
en medio de este campo de otoño
que es este cementerio planetario en el que vivo.
Si hay fecha de caducidad, no quiero saberlo
no te estoy demandando información ni mediumnidad,
sólo permíteme el placer majestuoso
de imaginar mi no-existencia.
De vislumbrar un ataúd color hueso, sellado,
y que mi hermana me despida aún con rituales católicos
mientras mi fantasma toca la gaita.
De vislumbrar cómo nadie me recordará
porque ni en vida me recuerdan.
De imaginar un velorio tan tedioso,
combinado con los drogadictos de mis primos.
Imaginar que todo lo que quisimos se ha hundido en el océano más profundo, como tesoro que no ha podido ser descifrado e implementado.
Ahí va mi corazón.
Ese que puede revivirte.
La gente sería más feliz contigo aquí que conmigo.
No soy el alma de la fiesta.
Soy mas bien la sombra indeseable que se queda en los jardines,
deseoso de regresar a su quietud desesperante.
Semana santa no tiene sentido
en un mundo donde ya no quedan santos.
Mártires, por montones,
son celebrados con bombazos en nombre de la paz.
Semana santa no tiene sentido
cuando la paz se sostiene en brazos mutilados.
Jesús, nada de esto es lo que querías. ¿Para esto entregaste tu carne?
Prometo no beber más vino.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario