Como si fuese un oráculo de delfos moderno,
desgastado, y con cien restauraciones para mantenerme en pie,
me han pedido que les diga la verdad.
La verdad es esta y una sola: todo lo que digo es mentira.
Todas esas falsedades de lo bello, lo verdadero,
fueron inventos de alguien incapaz de mirar lo grotesco
y descubrir la sabiduría escondida en ello.
Me han recomendado que suba y con la voz
enebro y articule libros enteros de versos desgarrados sin rimas.
Yo sólo pido
unos minutos en un escenario
donde se criogenice el tiempo.
Donde el pasado, presente y futuro
se encuentren en un punto
donde el vórtice sea mi garganta,
y pierda la nocion del Yo,
diluida en la ilusión de todas las facetas
que cada uno de ustedes,
poema-espectadores,
debe tener de mí.
Me han pedido que me venda, que me ofrezca
como si de una mercancía barata se tratara
de un mall chino, en la caja de todo a luca.
Pero no, señores. Yo no vengo a ofrecer,
vengo a cobrarles
porque cada uno de sus prejuicios sobre mi
me astillan un poco antes de irme a dormir.
Si les digo la verdad, soy una charlatana.
Sofista, me dirían tiempo atrás.
No me importa.
Buscar la verdad en la materia es subyugarse a morir
y yo, como revolucionaria
quiero ser inmortal.
¿Me va a contratar?
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