Todos los días decimos cosas que, si las pensamos bien, son descabelladas y, por qué no, geniales.
Hace unos días le hablé a mi ahora ex y le dije, antes de todo, "per´don por romper el tiempo". Imagínate romper el tiempo. Generar una curvatura en el entramado cuántico del universo. ¿Causaría un agujero de Einstein-Rosen? ¿O un agujero negro? ¿O, más raro todavía, un agujero blanco?
Porque algo más o menos así es lo que siento en el centro del estómago en estos días de angustia inapetente. Un agujero blanco que deja afuera toda la luz, y a mí en el centro. Volviéndome una masa acuosa, gelatinosa que crepita todo-el-tiempo que todo-sale-mal.
Romper el tiempo, criogenizar el espacio, servirse minutos y horas en un platillo de merienda en un verano acalorado e insoportable, junto con el jugo detox de moda de la temporada.
Romper el tiempo. ¿Hacer trizas un reloj, o hacer añicos la categoría a priori del entendimiento que nombramos "tiempo"?
Todas las opciones son válidas en este desasosiego.
Rompan lo que quieran, total, yo ya estoy quebrado, qué más me da.
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