martes, 22 de julio de 2025

Diario de muerte 21: Vía de Vías

Mis dioses viven en mi carne desgarrada.
En esta esquina no había una cicatriz, había una huella
de uno de los dedos filosos de la guardiana de la noche.

Mis dioses pululan como polillas incandescentes
entre nueve esferas, o quizás, dodecaedros,
con un puente y un vigilante amordazado.

Mis dioses viven en las raíces que penetran los mundos.
Este cabello alborotado es una de sus ramas inocentes
que se desprenden de su rueda plateada.

Mi dios lleva un sol radiante en una mano
Y una serpiente sin cabeza en la otra
y deambula , astado, descalzo, por la via de vias.

Le ha arrancado los ojos al descreído
Le ha tirado la lengua al deslenguado
Le ha quebrado la médula al que huye

hay que aprender a caminar

el eslabón es un 8

o un infinito. 

Me ha llenado el cuerpo de hojas y grietas,
me ha colmado la espina dorsal de semillas
y me ha obligado a morir para vivir.

Mis dioses mueren en mi
en cada una de mis células que se desintegran.
Y, en mi sexo, vida y muerte se hacen uno.

 Y enn mi llanto, vida y muerte se agarran a golpes
y en los rituales, se besan desesperados.
Y en el amanecer... toca el dulce susurro

de la luz de la mañana
como calma antes del caos.
Mis dioses son el caos que era equilibrio.

¿Qué sabes tu de equilibrio, funámbulo,
si no has andado en la oscuridad total
con la intuición como dirección única
y la mediumnidad como esperanza?

¿Qué sabes tu de luz,  que siempre viviste en ella
bajo su cobijo, renegando de ella?

Mi maldición es saberlo todo y guardar silencio.

o el proximo deslenguado podría ser yo 

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