La frontera que había instalado como método,
como resguardo
era tan fragil que por si sola se derrumba.
Me gustaría estar soñando.
Soñando que estoy vivo
y que me muero de a poco.
Pero es todo al revés.
Me muero de a mucho
Soñando que me muero.
¿Por qué pensé que podría amar cuando no tengo absolutamente nada para dar?
Sólo la promesa de una agonía terrible.
Nadie en su sano juicio querría ser parte de eso.
Y estamos en un mundo de sanos juicios,
misiles con nombre y apellido
en donde todo pasa tan rápido, que me enquisto.
Enquistarse, resguardarse, ponerse una coraza.
Mis organos empezaron a hacerlo primero,
y aún así, mi frontera es un pésimo método.
Porque me ha puesto fecha de caducidad
y riesgo de demencia.
En medio de todo esto, volví a soñar
entre sonidos de bosque oscuro,
de tonalidades verdes y etéreas.
Soñé que amaba.
De ese sueño desperté más rápido.
Porque es demasiado imposible.
Mi lenguaje es el de la impermanencia
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