terrorismo emocional que es tu silencio cuando sobre pienso sobre el piso sobre tu sexo sobre la carencia de palabras. Me hago un auto atentado en el cerebro lacerándome en pensamientos que no llegan a hacerse carne y pasan las horas y los dias y las vidas y parece un ciclo que no termina; Tu me dices que todo está bien mientras yo veo que todo se derrumba. Se acerca el último bus de la noche y se deshilachan mis abrazos nocturnos y la calidez de mi hogar y mi corazón que vuelve al desamparo
jueves, 4 de diciembre de 2025
diario de muerte 37: experimento-resultado
fragmento—fragmento—frAgmENtodo /
convulsión convulsión (¿quién tiembla primero?)
/enfriamiento///// cae como un vidrio húmedo sobre el ojo—
d i s o l u c i ó n
d e s a m p a r o
/destajo/ destajo destajo
(las manos no saben si cortar o huir)
lí—mi—te // lÍ—mI—tE // (se dobla)
precariedad/////precaria/////pre—ca—ri—dad
chorrea como un reloj sin borde
o un cuerpo sin eje
frA gm
en to
convulsión————¡ah!————enfriamiento
dissssssssolución / te come el borde, lo roe, lo vuelve vapor
deStAjo, qué palabra más tosca
desamparo, qué filo más tenue
límite / límite / lí-mi-te / (se abre, se cierra, no decide)
precariedad cae encima como una máscara agujereada
y el texto / el cuerpo / la voz / todo eso —
se desarma en plena fuga,
se recompone sin permiso,
vuelve a caer en un
f r a g m e n t o
que no regresa nunca igual.
Diario de muerte 36: laboratorio
—fragmento que tiembla /
—convulsión que insiste /
—un enfriamiento lento como un borde que no quiere aceptar su forma /
disolución / de lo que iba a ser /
de lo que apenas sostuvo su nombre /
—trabajo a destajo / sobre lo que queda /
como si el desamparo fuera también una herramienta /
como si el límite respirara en una esquina que nadie mira /
precariedad / esa palabra que corta /
pero aun así —algo se sostiene—
un fragmento / convulso / enfriado / pero vivo /
y tú / recoges lo que queda
y yo / disuelvo lo que duele
y entre ambos / un borde / breve / que no se deja nombrar —
Diario de muerte 35: maximalismo
nudo ciego / imposibilidad / órgano que no recuerda su forma
yo-tú-yo-tú
aprietan,
se multiplican,
crean hogar donde no hay hogar.
constelación adherida a la membrana,
huella que divide,
ley innata mordida en dos,
estaciones que se des-hacen al tocarte.
mordisco → deshacer → mordisco → tú
yo → retener → dejar de ser → yo
(disolverse, aprisionar, multiplicar el borde)
un órgano que quiere retener lo que cae,
una huella que quiere aprisionar la estación,
una estación que quiere dejar de ser,
un tú que quiere ser yo
y un yo que se deshace
antes de multiplicarse.
imposibilidad:
el hogar se divide,
el mordisco crea,
lo creado se disuelve,
y lo disuelto vuelve como membrana.
tú
deshacer
yo
mordisco
constelación
aprieta lo que no puede retener.
yo-tú-yo-tú
estaciones suspendidas
en un órgano que se repite,
que se des-hace,
que se vuelve a hacer,
que vuelve a no ser.
nudo ciego al centro:
todo se multiplica,
todo se divide,
todo vuelve
como huella que no acepta
su ley innata.
y tú
mordiendo la imposibilidad,
y yo
disolviéndome
hasta que solo queda
el gesto
de des-hacer.
miércoles, 3 de diciembre de 2025
Diario de muerte 34: en ✟ y ∅
DESCOMPOSICIÓN TOTAL
nudo / nudo / ciego / ciego
membrana rota // yo-yo-yo-no
insectos → desprendidos → desprendidos
raíz verde constelada
(ventana ventana ventana)
microtúnel / cristales / alguien sin rostro / nadie
HOMBRE falso hombre falso hombre —
realidad bestia / presente simulacro /
imaginación insistiendo en un vacío sin borde
(no estamos)
(estamos no)
yo sí-no-sí
paso dejo de paso dejo de paso dejo //
otrootrootro
sueño aún aún aún sueño /
(no despierto)
C A E N
C A E N
C A E N
constelaciones como ruido blanco pegándose a piel ajena
agua clara / clara / clara
estación-una-todas-ninguna
goteo goteo
dilución ↓
fuga
desaparición
otoño≠primavera
amenaza mínima → mordisco → MORDISCO → agujero
negro negro negro (absorción)
restos:
luz, nudo, ventana, yo-que-no-yo,
ecos de estaciones partidas
insectos regresando al vacío
cuerpo sin dueño
nombre masticado
constelación en fuga
yo ya no
ya no yo
no
∅
Diario de muerte 33: En-cruz-y-nada
Nudo ciego / repetido / multiplicándose.
Una colonia —ruina— membranas —yo que no quiere ser yo— desprendiéndose.
Cuatro ventanas / cuatro túneles / cuatro bocas:
todos quieren ser, menos.
El cuerpo: advertencia de cristal.
Hombre falso / sonriendo / realidad bestia acristalada / imaginación que insiste.
No estamos aquí.
Yo sí.
Vuelvo a pasar / dejo de pasar / el otro del otro del otro / ninguno despierta.
Constelaciones caen.
Caen.
Caen.
Él alza los brazos / no es él / tampoco ese / eufórico.
Ceniza luminosa pegándose a la piel / agua clara queriendo irradiar / moldear / repetir / borrar.
Una estación.
Una de todas.
Gotea.
Se resbala.
Se diluye entre dedos que ya no son dedos.
Otoño → primavera → amenaza mínima → mordisco primal.
Agujero negro expandiéndose.
Nombrar: imposible.
Nombrar: devorado.
Nombrar: mordido por su propio borde.
Restos de luz.
Nudos que no ceden.
Ventanas multiplicadas hasta romperse.
Yo-que-no-yo hundiéndose en lo incontable.
Insectos desprendidos.
Sangre verde constelada.
Simulacro presente.
Sustancia sin dueño.
Una estrella cae.
Una estación muda.
Un mordisco vuelve.
Un yo se dispersa.
Diario de muerte 32: encrucijada
Nunca pude desatar el nudo ciego:
creció dentro de sí, multiplicándose,
una colonia de insectos que se despega de mí
como si el cuerpo fuera apenas
una ruina de membranas descartadas.
Paremos —dije— con la memoria, con la culpa,
con la verde revelación de tu raíz
que late como una advertencia microscópica
entre cuatro ventanas,
cuatro túneles,
cuatro bocas de cristal que miran hacia adentro
hasta que todos quieren ser yo,
menos yo,
menos ese yo que se fuga por las costuras.
—Estoy cansado de ser sólo un mordisco—
declara alguien sin rostro,
y otro alguien responde en un eco roto:
—Hombre, hombre falso, hombre sonriendo,
hombre falso sonriendo,
hombre que no se jacta de la realidad,
porque la realidad es una bestia acristalada,
y el presente apenas un simulacro
de la imaginación que insiste.
Pero no estamos aquí.
—Yo sí. Yo he vuelto a pasar. Y dejo de pasar.
Y en cada paso me convierto en otro,
y ese otro en otro,
y ninguno sabe que aún hay sueño,
que aún hay un temblor aferrado al borde
de lo que pudo ser verdad.
Entonces caen las constelaciones.
Caen como ceniza luminosa,
y él —o lo que queda de él—
alza los brazos, eufórico, reclamándolas.
Se adhieren a su piel,
irradian sed de agua clara,
lo moldean, lo deshacen, lo repiten.
Es una, de todas las estaciones,
la que permanece entre sus dedos,
goteando lentamente,
disolviéndose en una tinta
que ninguna mano alcanza a retener.
En el otoño decidió ser primavera:
un gesto mínimo,
una amenaza que vibró como un relámpago mudo,
y el mordisco —aquel primer mordisco primitivo—
se volvió agujero negro,
una grieta celebratoria que devora
todo lo que intenta nombrarlo.
Y así seguimos,
entre restos de luz,
entre nudos que no ceden,
entre ventanas que se multiplican
hasta que ninguna forma es suficiente
y el yo, ese yo que no quiere ser yo,
se diluye por fin
en el resplandor de lo incontable.
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