martes, 12 de agosto de 2025

Diario de muerte 23: Una esfera llena de luz se ha devorado mi conciencia.

 

He visto la fuente sin forma ni materia ni nombre
Y he honrado a sus facetas diversas.
El Absoluto es una puerta
con escaleras cabezabajo.

Siempre he sido devoto de algo.
De mundos mejores,
De vidas mejores,
De destrucciones que traigan justicia.
No siento culpa. Siento paz ahogándome.

A veces paso de ser la espada empuñada
A ser un montón de piedras en un río.

Me he quedado sin forma ni materia de a ratos y he sido la trascendencia del tiempo espacio volumen y toda dimensión posible y descubierta/por descubrir.
Una línea tangente que divide el espejo infinito de lo por decir.
O un milagro a medio realizar en 2D.
Mi próximo respirar será en 8 bits.

Auroras boreales se volvieron espiral hasta mi frente
y vi mi reflejo en el Mar Muerto
más vivo que en el más esplendoroso de los veranos de mi infancia.

Podría ir escalerabajo-arriba-al lado- al centro
perdiendo toda categoría
ni brújulas.
Surtur, ya no me saludes desde el Sur.
Podría ir hacia esa puerta que se ha abierto
sin que la golpease ni tuviese la llave.

Pero perdería la identidad.
¿Y cómo perder algo que aún ni siquiera comprendo?
El laberinto de nervios, huesos y venas que soy
ha atrapado mi alma sedienta de eternidad.

Que las venas se me hagan una raíz
Que conecte con la fuente primaria
Y el exceso de informaciones y corrientes
Me desplome en un presincope sin precedentes.


Dios es una puerta semiabierta.
El eslabón es un ocho,  te lo juro, recuérdalo.
El eslabón es un ocho.

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