sábado, 16 de agosto de 2025

bloopers 7: playa abajo, la calle

 Corría cuesta abajo
por pavimentos salados

en guerra de fricción
contra una brisa tempestuosa,
tropezando,
de a ratos,
y con las rodillas sangrantes
buscando aterrizar,
descalzo,
en una arena tibia y dorada.

Corría, costa adentro,
por rocas y cochayuyos,
en guerra de voluntad
contra mi propio cansancio,
esquivando
latas de bebida y palitos de helado,
para varar,
tímido,
en pequeños oleajes color verde petróleo.

Construí opulentos castillos de arena
que serían mi única propiedad.
Fui arquitecto de un derrumbe
que fue arrasado por las olas.

Conocí de temporalidades y finitudes
en la orilla de una playa
que hoy es zona de sacrificio.

Mis recuerdos de infancia tienen olor
a nube tóxica de refinería desalinizadora
y residuos invasores con cara de pocos amigos.

Ya no corro cuesta abajo, ni costa adentro.
Ya no veo buques hacia el horizonte.
Sólo veo extravío y el final de una calle
que es hormigón y extinción.

El sabor a sal ya no es
por una tarde de turismo en el océano pacífico.
Es por las lágrimas,
que son lo que me conecta con lo que queda de hídrico.
Soy desembocadura
de recuerdos de una época
que encuentra su ocaso
al alero del mundo devenido concreto.

Al fondo, a la derecha,
se ha hundido el puerto artesanal,
y se ha levantado el edificio número 100.

44 versos no bastan
para plasmar mi desdicha
de excavar en la arena
y encontrar tuberías y cemento.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

diario de muerte 42: logotipo

el régimen iconográfico se me cuela por debajo de las uñas, aparece por mis pestañas llenas de rimel barato, y me persigue con sus chuchería...